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Fundamentos economicos

El nuevo Gobierno panameño, que asumió el cargo en julio de 2019, se enfrenta a un marco económico caracterizado por luces y sombras en una fase que requiere un cambio de rumbo en términos de políticas y reformas estructurales a diferentes niveles. La plena conciencia de estos desafíos fue expresada por el presidente Cortizo en su discurso inaugural cuando se refirió al legado de sus dos predecesores como una «década perdida».

En el plano de las «luces» – a pesar del juicio pesimista del nuevo Presidente – el elevado dinamismo económico del país en los últimos 10 años ha favorecido tasas de crecimiento entre las más altas del mundo, con una media anual en torno al 5,6%: esto ha convertido en pocos años a Panamá en uno de los países con un PIB per cápita más alto de toda América Latina. Este crecimiento tumultuoso también ha favorecido el desarrollo de la infraestructura, comenzando con la ampliación del canal transoceánico, y el fortalecimiento del potencial del país como un centro global de transporte y logística.

Sin embargo, el crecimiento del PIB no se ha traducido en un desarrollo equilibrado de los principales sectores de la economía, privilegiando el de los servicios y el de la banca, y no ha favorecido la correspondiente mejora de la distribución de la riqueza: Panamá sigue siendo el país más desigual de la región latinoamericana.

En el frente del crecimiento económico, la tasa registrada en 2018 fue del 3,7% (según los últimos datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística de Panamá), el más bajo desde 2009 pero por encima de la media de la Región Centroamericana (+2,8%). La principal causa de esta ralentización ha sido la crisis del sector de la construcción y de las obras públicas, no sólo por la finalización de los grandes proyectos de infraestructura (ampliación del canal en primer lugar) y el retraso en la puesta en marcha de los nuevos proyectos, pero también por una situación, en el sector inmobiliario privado, de un «overdevelopment» que en el pasado había sido impulsado por ingentes flujos de capitales extranjeros.

Para 2019, el FMI no excluye una posible recuperación del crecimiento sostenido principalmente por la puesta en funcionamiento de la gran mina de cobre de Colon y el inicio de grandes proyectos de obras públicas: la construcción del IV Puente sobre el Canal, la adjudicación de la línea 3 del metro y de la IV línea de transmisión, la realización de una moderna red de carreteras, sobre todo en la parte occidental de la capital y la construcción de nuevas estructuras hospitalarias.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística local, en 2018 la inversión extranjera directa habría experimentado un aumento del 21,4%, convirtiendo a Panamá en el primer receptor de IDE del área centroamericana y el Caribe, aunque datos más recientes parecen indicar una fuerte ralentización de los mismos.

Como es sabido, Panamá es una economía vinculada al dólar, con un déficit fiscal, una deuda pública y una inflación (en promedio por debajo del 2% en los últimos 5 años) que hasta ahora han estado bajo control.

Las principales instituciones económicas y financieras locales e internacionales están de acuerdo en que el crecimiento futuro del PIB podría situarse en torno a una tendencia del 4%, una de las más altas de América Latina a medio plazo. Este escenario estaría respaldado por la puesta en marcha de las grandes obras públicas de interés nacional y el aumento de los ingresos procedentes de los cánones del Canal, Sin dejar de ser fundamental – como se ha recordado – la prosecución de una política económica centrada en las reformas estructurales y en la competitividad.

Aunque los principales puntos fuertes de este país siguen siendo los servicios relacionados con el Canal Interoceánico, Portuario, Aeroportuario y Financiero, para el nuevo Gobierno parece prioritario extender el relanzamiento del crecimiento a la economía real, iniciando políticas de apoyo a la agricultura, al turismo y a una incipiente agroindustria, también a través de la cofinanciación por parte de los principales bancos de desarrollo regional (en particular Banco Interamericano de Desarrollo y CAF).